lunes, 19 de agosto de 2013

A LAS 1:06 LOS ALMONTEÑOS SALTARON LAS REJAS

A las 1:06 los almonteños volvieron a saltar las rejas, No pudieron esperar a concluir el Rosario, Los fuegos artificiales que iluminaron el cielo sobre el santuario marismeño poco después de la una de la mañana anunciaban que los almonteños no habían aguantado más y habían saltado la reja. Pero esperaron a la conclusión del Santo Rosario y la entrada a la Ermita del Simpecao.
Las puertas de la ermita dejaban paso algo después a la Blanca Paloma que, sobre peana plateada pero sin palio esta vez, conducida por una auténtica marea humana, se disponía a recorrer las calles de su aldea para conmemorar un hecho histórico: el bicentenario del Rocío Chico o, lo que es lo mismo, la victoria de la fe rociera frente a las tropas francesas.

Fue el 19 de agosto de 1810 cuando, según recoge el Centro de Estudios Rocieros, los almonteños se encomendaron a su patrona, rogando protección ante las tropas napoleónicas. "La muerte del capitán francés Pierre Dosaux y la de otros cinco soldados el 17 de agosto de 1810, en plena invasión napoleónica, en el número 7 de la calle del Cerro en la villa de Almonte, de manos de un grupo de almonteños que atacaron por sorpresa a los dos destacamentos acuartelados en el pueblo" provocó la ira del mariscal Soult, que dio la orden desde Sevilla de "saquear, degollar e incendiar" el pueblo de Almonte el 18 de agosto.

Durante la noche del 18 al 19 de agosto de 1810, los almonteños, "ante el terror de la inminente masacre", se encomendaron a su patrona y así, rezándole, aguardaron un batallón que nunca llegó a atacar la ciudad. Es por ello que años después, en 1813, una vez expulsado de Andalucía el ejército francés, el pueblo realizó un voto de acción de gracias a la Virgen del Rocío, que cada año en las mismas fechas, en torno al 19 de agosto, multiplica el número de devotos a sus pies.

200 años después de la realización de esa particular promesa, la Blanca Paloma volvió anoche a recibir el abrazo de sus fieles. Con una aldea atestada, como ya lo había estado en los días previos, con la celebración del triduo preparatorio y los distintos actos programados con motivo de la conmemoración.

A la 1.06 de la madrugada los 'hombres de la virgen' saltaban la reja que los separaba de su Reina y, entre los que abarrotaban el interior de la ermita, el simpecado de la Hermandad Matriz y los miembros de su junta de Gobierno se abrían paso para "autorizar" la marcha de la virgen desde la sacristía. Ataviada como reina y con el conocido como traje de Montpensier, con una ráfaga de rayos biselados de estilo imperial, en una estampa bastante habitual en el siglo XIX y las primeras décadas del XX, la Blanca Paloma se echó a las calles de la aldea de manera excepcional, mientras repicaban las campanas, sin ser Lunes de Pentecostés.

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